Después de más de dos años en la Casa Blanca llenos de dramas y de intrigas, este hombre de negocios de verbo fácil apuesta a que la economía pujante y su promesa de luchar por la olvidada clase trabajadora estadounidense van a lograr persuadir al electorado de que merece un segundo mandato de cuatro años. 

El expresidente (2002-10) es el crítico más severo del acuerdo con la otrora guerrilla -a la que propinó duros golpes militares-, con el argumento de que premia con impunidad a responsables de delitos atroces aun cuando, según lo firmado, deberán reparar a sus víctimas y contarles la verdad de lo ocurrido para recibir beneficios penales y evitar la cárcel.

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